06 agosto 2008
Leer
Durante los últimos meses he leído (entre otras cosas, eh?) por curiosidad algunos best-sellers: el último libro del Ruiz Zafon (El juego del ángel) y el primero -más o menos- del Ken Folllet (Las raíces de la tierra o algo así; un auténtico bodrio). Los leí durante mis viajes en tren, eh? O sea que estoy disculpado. Cuando viajo me gusta leer cosas intrascendentes. Bueno, al menos cosas que no tengan demasiado que ver con la profesión, vaya. Y no tengo nada en contra de estas personas. Tampoco de sus cuentas corrientes. No me importaría disponer del 10% de las mismas ;-). Ni siquiera escribiendo tan mal como ellos.
De Ruiz Zafon disculpo que es compatriota y que sus novelas siempre se desarrollan en Barcelona. Ciudad que, como sabeis, adoro. Del otro no disculpo nada.
Afortunadamente mientras hay vida hay esperanza. Y siempre se puede volver al "buen camino" ;-) A pesar de ser un auténtico fan del Umberto Eco, tanto en sus obras académicas como literarias, en su momento no leí "Baudolino". Ayer, entre artículos de teléfonos móviles y otros agobios académicos empecé a desgranar sus páginas, esas palabras escritas que tan bien sabe construir el semiólogo italiano...
"- Pero quizá mi historia es un sinsentido...
- No hay historias sin sentido. Y yo soy uno de esos hombres que saben encontrarlo allá donde los demás no lo ven. Después de lo cual la historia se convierte en el libro de los vivos, como una trompeta brillante que hace resurgir de su sepulcro a los que son polvo desde hace siglos... Sólo que se necesita tiempo, hay que considerar los acontecimientos, vincularlos, descubrir los nexos, incluso los menos visibles. Claro que tampoco tenemos nada más que hacer,..."
Si os apetece leer una reseña que escribí hace un par (o tres) de años sobre la ùltima (creo que es la última) novela del piamontés, "La misteriosa llama de la reina Loana", aquí la teneis. Ya me dais vuestra opinión si os va bien...
Mientras tanto, vuelvo a mis artículos científicos sobre teléfonos móviles.
¡Abracetes!
Josep
21 mayo 2008
Esclavos de las palabras

Es jodido pensar lo que estoy pensando. Digo "jodido" por decir algo que espero se entienda más o menos.
Soy esclavo de mis palabras. Creo que un sabio oriental dijo que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Quien conoce mis silencios (muy poca gente; muy poca; casi nadie) sabe que son superjodidos. Los silencios de este humilde aprendiz de ser humano dicen más de lo que quieren decir; escapan a su control.
Un socioconstruccionista extremo como el que firma estas líneas -un "palabrero" en palabras del catedrático de la UAB Lupicinio Iñiguez; "palabrero" porque abraza la línea teórico/práctica de la psicología discursiva- debería estar muy agradecido al diccionario, a la posibilidad de construir el mundo con palabras, que es como se hace. Pero algo se escapa...
¿Qué?
No lo sé
Algo se escapa a las palabras, a los símbolos que recrean la realidad, que construyen el mundo. ¿Hay algo más allá de las palabras?
...?
Seguramente no. Mis dudas de esta noche seguramente no conducen a nada, más que a elucubraciones, especulaciones y discursos que se agotan en sí mismos. No hay nada que se pueda expresar y crear que no se contenga en las palabras, en el diálogo; en un "te quiero", en ese "voy a cambiar el mundo". No hay nada que no se pueda hacer símbolo -no otra cosa son las palabras-.
Pero me sigue faltando algo. Puede ser que poquito, pero algo...
Josep
05 abril 2008
Una conversación sobre fotografía, semiología, cultura... y otras cosas
Foucault.- La relación de poder es evidente…
Derrida.- …sí, basada en la diffarance…
Foucault.- Déjame continuar, querido colega. Es demasiado evidente. La diferencia entre los actores –los blancos y los negros; los europeos y los nativos- es clara. Y hablo de la diferencia física, Jacques, más que de tu concepto de diffarance simbólico-temporal. Y es precisamente esa evidencia la que me hace dudar de la corrección en la interpretación del mensaje visual. En términos de poder, ¿quién es aquí el dominador y quién el dominado?
Barthes.- Sí, demasiado evidente.
Tyler.- Quizá las diferencias culturales entre los dos personajes europeos y los nativos son tan grandes que no nos es posible comparar. Sus taxonomías se sitúan a diferentes niveles.
Bakhtin.- Lo que enlaza con mi propuesta de la poliglosia… Son dos discursos diferentes que se encuentran, ¿serán capaces de juntarse?
Foucault.- En realidad, nada nos dice que sean los europeos los que estén dominando en la relación de poder. De hecho, no llevan armas; los nativos sí. Quizá la fotografía nos está contando la historia de un asesinato, del ejercicio final de la dominación. Si los nativos deciden atacar a los europeos, difícilmente van a poder defenderse con champagne, velas y frutas…
Seguí.- Claro, aquí estamos estableciendo –al menos, y con permiso de Mikhail- interacciones entre tres tipos de grupos sociales: los nativos, los europeos y nosotros mismos. Me parece interesante y original –problematizadora- tu propuesta, Michel. Sí, nuestra manía etnocentrista nos lleva al extremo opuesto. Quizá los nativos no se sientan dominados por la ética y la estética de los actores blancos (de piel y de ropa). Quizás en ese momento estén pensando: “están tontos; ese no es el tipo de ropa ni los apeos más adecuados para un picnic en la sabana…”. Quizá se están preguntando: “¿qué hacen los europeos aquí, aparte de, seguramente, el ridículo?”.
Derrida.- Sí, Josep, pero ahora mira la fotografía como europeo (que, por cierto, es lo que eres). El centro de atención no está en los nativos, ni en sus ropas y lanzas; ni en la sabana. Está en el discurso blanco que, por cierto, me recuerda a mis comentarios sobre el más allá de los márgenes blancos del texto filosófico. Aprecio tu interés por situar el centro en lo nativo, por el exotismo de la gente de la sabana. Pero ¿qué esconde la blancura, la pulcritud de lo occidental?
Barthes.- Bueno, Jacques, hay algo, en mi opinión, que no puede escapar a nuestro análisis: la simbología sexual. Los nativos no parecen estar preparando ninguna relación erótica. Sin embargo, los blancos están a punto para algo más que para un picnic… especialmente ella: la abertura de la falda, los hombros descubiertos… Cuando preparé el prefacio para el cómic Historie d’O de Guido Crepax puse en evidencia que el erotismo, incluso la pornografía, son un acto de comunicación extrema. El auténtico órgano erótico de O es la oreja. En el sexo todo es escucha. El posible picnic sexual no requiere de interpretaciones –ni mucho menos de las propias de la vulgata psicoanalítica-, sino que es sólo eso: dos humanos que se hablan y escuchan, exactamente igual que estamos haciendo con esta imagen.
Bakhtin.- El monólogo es imposible. Las palabras y las imágenes no pertenecen a nadie, ni a los nativos, ni a los blancos, ni a nosotros. Se crean en el momento. Y desaparecen para reaparecer en otro momento, en otras circunstancias. Esta misma fotografía no existía hace unos minutos cuando nadie la estaba mirando. Ahora está ahí. Pero dentro de un rato ya no será la misma porque su significado habrá cambiado. Ya lo ha hecho desde que Michel ha hablado de las relaciones de poder implícitas en ella. Nuestro diálogo –también el de la imagen- es multidireccional y por eso poliglótico. Los signos visuales forman parte indisoluble del carnaval dialógico constructor de realidades. Dices, querido Roland, que el picnic erótico al final es sólo eso: dos humanos que se hablan y escuchan. ¡Y eso es mucho! Los símbolos de la fotografía tienen significados diferentes según quien los re-construya…
Barthes.- … sí, eso es la polisemia, que se institucionaliza a través de un contrato colectivo semiótico. En algo estamos de acuerdo: todos vemos las lanzas, las ropas de los nativos, las de los europeos. Hay dos institucionalizaciones del símbolo. No hay ninguna lógica natural que imponga una forma de institución a la otra mientras se mantengan en el nivel puramente simbólico, o sea mítico. Pero, cuando los símbolos se desmitifican en las prácticas cotidianas, se politizan, imponiendo su valor…
Foucault.- … valor de poder. Los símbolos ahora políticos facilitan a los individuos tecnologías que representan diferentes matrices de razón práctica que les permiten actuar sobre la producción de significados, la manipulación, los signos, el poder y el sometimiento, y el yo. Política en estado práctico. Manipulación. Dominación. Quizá ahora ya no importan las lanzas; ya no es práctico suponer cómo será la historia; sino cómo fue. Ahora se hace patente la necesidad de hacer una arqueología lo más extensa posible sobre cómo se llegó a preparar el escenario simbólico que nos lleva directamente a lo político…
Derrida.- …lo político como manifestación de lo institucional, de lo evidente. La hibridación entre lo político y lo mítico construye el gran monstruo social de la opresión. El mito es lo imaginario; la política lo normativo. Son dos organismos que se yuxtaponen normalizando lo que no tiene sentido, como en la fotografía. Vista en el contexto de la revista Hola! todo es normal. Si la desnudamos, si la despojamos de su argumento narrativo, de las intenciones del autor, queda patente la diffarance, todo lo que estáis comentando acerca del poder, el sexo, la dominación, la poliglosia… Todo lo que nos conduce a un mundo de significados que no nos paramos a explorar en nuestros contactos diarios con miles de imágenes (y de palabras) absolutamente integradas en nuestra cotidianeidad como ser.
Seguí.- Bueno, estoy un poco anonadado. La verdad es que no esperaba que las cosas fueran por estos caminos. No sé, quizá pensaba que nos centraríamos más en cuestiones en torno a la globalización cultural, el africanismo…
Foucault.- ¡Protesto! No otra cosa estamos haciendo al hablar de lo mítico cuando su poder se impone políticamente…
Seguí.- Sí, seguramente tienes razón. Stephen, estás muy callado. Quizá tu punto de vista de etnógrafo afine más esas cuestiones a que me refiero, a pesar de la protesta de Michel…
Stephen.- Ya … y tengo mucho que decir. La cuestión es que ninguna cultura ha mostrado nunca su superioridad sobre otra, excepto imponiéndola por las armas (o la economía). Estoy de acuerdo con esa distinción entre lo mítico propio de las culturas y su degradación en lo institucional cuando, por simple contacto, la diferencia ha de imponerse. Quizás es la dominación de la diferencia, Michel. Pero los discursos irreflexivos sobre la globalización o el enfrentamiento entre culturas son peligrosos. Si –con todo nuestro mejor ánimo- nos despojamos de los propios mitos podemos perder esa capacidad cognitiva de apreciar y usar los instrumentos psicológico-culturales que tenemos a nuestra disposición. De mis años de antropólogo en
Seguí.- … y poco menos, maestro Stephen! Por cierto, invité a Clifford a esta reunión, pero no ha podido venir pues le coincidía con una conferencia
Barthes.- Pues gracias por esta oportunidad. Todo el lenguaje –también el visual- es un metalenguaje en el sentido de significado de segundo sistema, el que no tiene connotaciones empíricas; y precisa de su análisis a través de los códigos de primer sistema para hacerse explícito. Voy a resumirlos,
El código hermenéutico, que tiene que ver con los enigmas de la narración y cómo se van desvelando gradualmente. Esos enigmas se hacen patentes a través de la interpretación de los símbolos: la abertura de la falda de la mujer evoca (Stephen) un significado sexual; las lanzas de los nativos (Michel) una posible agresión/dominación.
El sémico es el que crea personajes y ambientes, digamos, estereotipados, por ejemplo, la masculinidad y la feminidad o, en este caso, la “africanidad” o “europeidad” de los personajes. Y los estereotipos son, seguramente, asunciones simbólicas del poder (Michel) institucional/cultural. Quizá son los estereotipos los que están muchas veces más allá de lo normal social, de la hibridación (Jacques) entre el mito y lo institucional.
El simbólico se basa en las asociaciones clásicas que conducen el hilo de la narración. Asociaciones culturales (Stephen) con sistemas de significación que construyen la base de la vida social. No nos sorprende que la pareja esté de picnic; lo que nos llama la atención es el contexto; eso es lo que nos hace preguntarnos por su simbología.
El código cultural se refiere fundamentalmente a las características psicosociológicas comunes de los personajes. La identidad cultural de los protagonistas de la historia, historia que se construye en una multitud de niveles (Mikhail, Stephen) poliglóticos.
El proairético construye las tramas o argumentos de la historia. Si en todos los demás nosotros hemos estado presentes, aquí nos hacemos patentes en cuanto que los científicos sociales somos auténticos co-constructores de las tramas y argumentos de la historia…
La conversación fue mucho más larga; horas y horas. Pero he querido resumir aquí parte de lo que se dijo. Espero que haya sido del agrado y el interés de las lectoras y lectores. Desde luego, una simple fotografía da mucho de sí…
JosepEste obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 2.5 España.
