12 mayo 2009
Construccionismo social. II, Anti-invidualismo
Eo!
Siguiendo con mis propuestas de reflexión sobre los puntos de vista construccionistas de eso psicológico que somos las y los humanas/os hoy lo hago sobre el famoso individualismo.
Por si a alguien le suena mal quiero decir que el poner la palabra "anti" delante de los conceptos cuya deconstrucción propongo significa que sí, que el Construccionismo no es una corriente sólo teórica. Ser "anti"-algo significa acción. Signfica actuar contra algo. En este caso contra el mito del individualismo.
Anti-individualismo.- El centro de interés del psicólogo socioconstruccionista se traslada del individuo a los procesos de interacción social.
No somos individuos. No somos entes aislados del entorno. Supongo que esto es poco discutible. Pero ¿cuál es el grado de discusión, de relativización del término "individuo"?
Si contemplamos un poco la evolución histórica del concepto resulta que no aparece hasta la Ilustración -el individuo racional cognosciente y descubridor de la realidad física de sí mismo y de su entorno; la ciencia empírica-; se refuerza durante el Romanticismo -el ser individual sufriente por ser poseedor de un destino trascendente que supera la realidad que le envuelve- y se absolutiza en la Modernidad -la ciencia teórica, empírica, el psicoanálisis, el positivismo, el capitalismo-.
La Postmodernidad -tan criticada y tan divertida!- nos resitúa ante nosotras y nosotros mismos. Ya no somos individuos. Somos seres relacionales. Somos imposibles sin la poliglosia (y la heteroglosia -Bakhtin; escribo desde la cama. Mañana daré algunas referencias. Perdón-), sin el carnaval dialógico. No nos podemos pensar a nosotras/os mismos sin las y los demás. Todo lo que somos lo somos en tanto que nos relacionamos, que hablamos.
Pensarnos así cambia totalmente la òptica, el punto de vista del análisis de eso tan puñetero que tiene que ver con qué somos las personas. Ya no importan los insights o el autoconocimiento. El crecimiento personal o el aprendizaje cambia su sentido. Somos en relación. Aprendemos y nos desarrollamos en común, en colectividad.
No somos pensables -sea pensar lo que sea- como entes autónomos, ajenos a lo social, histórico y contingente.
Somos discutibles como procesos sociolingüísticos. Somos narraciones. Y las narraciones nunca pueden ser algo personal; se producen en el enclave del dialogismo. Somos procesos. Personas en proceso... relacional.
¡Continuaremos!!!
Josep
21 mayo 2008
Esclavos de las palabras

Es jodido pensar lo que estoy pensando. Digo "jodido" por decir algo que espero se entienda más o menos.
Soy esclavo de mis palabras. Creo que un sabio oriental dijo que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Quien conoce mis silencios (muy poca gente; muy poca; casi nadie) sabe que son superjodidos. Los silencios de este humilde aprendiz de ser humano dicen más de lo que quieren decir; escapan a su control.
Un socioconstruccionista extremo como el que firma estas líneas -un "palabrero" en palabras del catedrático de la UAB Lupicinio Iñiguez; "palabrero" porque abraza la línea teórico/práctica de la psicología discursiva- debería estar muy agradecido al diccionario, a la posibilidad de construir el mundo con palabras, que es como se hace. Pero algo se escapa...
¿Qué?
No lo sé
Algo se escapa a las palabras, a los símbolos que recrean la realidad, que construyen el mundo. ¿Hay algo más allá de las palabras?
...?
Seguramente no. Mis dudas de esta noche seguramente no conducen a nada, más que a elucubraciones, especulaciones y discursos que se agotan en sí mismos. No hay nada que se pueda expresar y crear que no se contenga en las palabras, en el diálogo; en un "te quiero", en ese "voy a cambiar el mundo". No hay nada que no se pueda hacer símbolo -no otra cosa son las palabras-.
Pero me sigue faltando algo. Puede ser que poquito, pero algo...
Josep
08 abril 2008
Bello, curioso e interesante...
¡Hola!Ayer elegí un libro que no tuviera mucho que ver con lo académico para amenizar mis viajes en metro (además de oir música y pensar en tesoros y obras de arte). Se trata de "Pasajera del silencio. Diez años de iniciación en China" de la escritora y pintora francesa Fabienne Verdier (Ed. Salamadra. Barcelona, 2007).
Pero no sé si será por deformación profesional personal o por esta manía que tenemos los socioconstruccionistas de cuestionarnos todo. El asunto es que hay un par de párrafos que me han hecho reflexionar. Uno está relacionado con el sistema de enseñanza (concretamente en los años 80 del siglo apasado y en Francia), aunque cita el psicoanálisis y también me ha hecho pensar mucho sobre las diferentes posibilidades de expresión de lo que supuestamente llevamos dentro. No sé, quizá también sirva un poco para cuestionar ciertas prácticas terapéuticas. Ahí va,
"La enseñanza en la Escuela de Bellas Artes me decepcionó. Ya no se estudiaba a los maestros, ni existían modelos en los que apoyarse; los alumnos ya no tenían derecho a entrar en el taller de Leonardo da Vinci; no se aprendía la práctica de las técnicas, ni expresión pictórica alguna. '¡Enciérrense en una habitación y exprésense'!, nos repetían los profesores. El psicoanálisis había causado estragos en el seno de la educación nacional. La idea de expresarse cuando no se han aprendido los diversos tipos de lenguajes para hacerlo me enloquecía." (Pág. 14; cursivas mías).
El otro fragmento se lo dedico especialmente a una persona (también la portada del libro, que reproduzco más abajo) con la que acabo de comentarlo y a quien he prometido que se lo prestaré cuando lo acabe de leer. Creo que este fragmento te gustará mucho. A mí me hace reflexionar sobre nuestra manía (la de los occidentales; yo el primero) de ver las cosas desde un sólo punto de vista. Es este,
"Hablaba dialecto local lo bastante bien para chapurrearlo, pero, lo que ninguna palabra habría logrado, lo consiguieron unos pocos trazos a lápiz. Si quiere entenderse cómo algunos esbozos bastaron para que me otorgaran su confianza, es preciso recordar la importancia que el trazo tiene en China. En Occidente, sólo los escritos son susceptibles de dar testimonio y permanecer, mientras que las palabras se las lleva el viento. En China, un acuerdo verbal resulta difícil de obtener durante las negociaciones porque, tradicionalmente, uno nunca falta a su palabra. Como ocurre entre los campesinos occidentales, un sí equivale a una firma. Pero los chinos saben que un discurso puede ser hipócrita; lo han aprendido a sus expensas. Una pintura, por el contrario, al igual que un dibujo o una caligrafía, es decir, todo lo que depende del trazo, no puede engañar; en ella se revela la virtud moral de quien la realiza, queda plasmada al desnudo sin que resulte posible fingir. En una pintura o una caligrafía, lo que se juzga es la personalidad del artista, en la misma medida que su obra. Quien domina el 'hua' es possedor de ese lenguaje particular que sólo puede ser verdadero. Se trata de una de las singularidades del pensamiento chino." (Pág. 55, cursivas mías).
Trazos, esbozos, confianza, lenguaje particular...mmmmmm... me gusta! ¿No tiene también esto algo que ver con la práctica terapéutica? ¿Y con la epistemología?
Bello, curioso e interesante... ¿qué os parece?
Josep
04 abril 2008
Sobre tolerancia y valores
Al hilo del post de Dreig ha surgido una interesante línea de debate sobre la cuestión de la tolerancia, aunque contenía muchas otras cosas e información que como coordinador de este blog agradezco enormemente.
Como agradezco la participación de Gerardo y de Sandra. Por cierto Sandra, a ver si nos volvemos a ver pronto y hablamos un poco de ese "proyecto" literario que surgió el otro día en Barcelona, eh? Y Gerardo, tranquilo que mañana -sábado- voy a dedicar todo el día a avanzar en el que llevamos entre manos.
Me ha encantado tu frase Sandra, "no apartarse del otro sino combinarse como en un rico sofrito". Me gusta y me permito hacerla mía (tranquila, si la utilizo en algún artículo o similar te citaré ;-))
Quiero hacer públicas un par de reflexiones. Una sobre la tolerancia y otra sobre los valores.
Empiezo por la última. Hace tiempo, bastante tiempo, que cuando oigo hablar de valores me pongo a temblar. Será porque viví algunas etapas de mi vida en una época -la dictadura franquista- en que los valores eran el todo. Unos valores -morales, religiosos, políticos (por decir algo, entonces)- que se imponían a los demás por una oligarquía determinada. Los valores se legislaban. Sí, era así. Hace algún tiempo que cambié mis ideas al respecto. Ví que los valores -ya en una sociedad democrática- son algo sociopersonal, algo que cada uno construye de acuerdo con su entorno, con su cultura e historia. Los valores valen. Valen si son útiles en un momento dado, en una praxis social determinada. Seguramente los valores de los hutus africanos no son demasiado útiles para un pobre psicólogo valenciano como el que escribe estas líneas...
Bueno, estas son unas palabras que me salen así, improvisadas. Espero que nadie esté de acuerdo, pero también espero que nadie intente imponerme valores "diferentes a los míos". ¡Uf! qué barbaridad acabo de decir! Pero espero haberme expresado más o menos bien.
En cuanto al tema de la tolerancia. Me gusta ver distintos puntos de vista, valga la redundancia. En un ejercicio simple de construccionismo y retórica lo primero que hago cuando me planteo estas cosas es oponer el concepto contrario. ¿Qué es lo contrario de la tolerancia? La intolerancia, supongo. Ante la intolerancia y la tolerancia me posiciono sin ninguna duda al lado de esta última. ¿Tolero el machismo, el fascismo, el racismo,...? Pues no. Soy intolerante con la intolerancia. Punto.
Pero , ¿quiere eso decir que comparta todos los otros valores de todos los otros seres humanos que pueblan este planeta? Pues tampoco. Pero no porque no quiera. Es que no puedo. No llego. Mi capacidad intelectual y emocional -o sea, ambas, discursivas- es limitada. Disculpad que mi narración sea tan personal pero hay ciertas cosas que no puedo compartir, con las que no puedo crear ningún tipo de refrito -Sandra- y que no puedo tolerar.
Toleramos lo que no nos hace daño. Y valoramos lo que compartimos. Apreciamos del otro y aprendemos de ella/él lo que nos hace crecer y tirar palante.
Aceptamos, entendemos, comprendemos, toleramos... a la otra/o porque somos psicólogas y psicólogos, porque sabemos un poco ponermos en su sitio. Y lo hacemos más porque somos socioconstruccionistas. Pero no somos ellas/os. Nuestros valores y los suyos -que se construyen en la conversación y el devenir histórico- no siempre son los mismos. En nuestra tarea profesional los anlalizaremos (odio esta palabra, pero no estoy muy inspirado esta noche....), pero no tenemos por qué someternos a la dictadura del "otro".
¿Tolerancia? Sí! ¿Valores? Mmmmmmm.... ¿seguimos hablando?
Josep
01 diciembre 2007
Subjetividad y socioconstruccionismo

¡Hola!
Acabo de enlazar (a la derecha de la pantalla) con la Conferencia sobre subjetividad a celebrar en Cardiff. Por cierto, la información la he obtenido de la página del Doctor Josué Tinoco cuya visita recomiendo intensamente pues contiene mucha, buena y actualizada información sobre psicología.
Bueno, pues revisando cosas por ver la posibilidad de enviar alguna comunicación a la conferencia se me ha ocurrido enviar al blog algunas ideas...
En 1968 dos sociólogos norteamericanos - Peter L. Berger y Thomas Luckman- publicaron un librito titulado "La construcción social de la realidad" que trata sobre la sociología del conocimiento y en el que buscan -básicamente- encontrar nexos entre lo objetivo y lo subjetivo en un contexto social cotidiano. Saltando de Durkheim y Weber a Schutz, los autores fundamentan sus refelexiones en torno a cómo es posible que los significados subjetivos se vuelvan facticidades objetivas. Si hemos desnudado a
Los sociológos de la situación (Goffman, Sacks, Cicourel, Pollner...), ya en nuestra actualidad más rabiosa, tratan sobre esa microsubjetividad objetivada socialmente y de los mecanismos de acción que -lingüísticamente- la construyen. "El problema radica en encontrar las mediaciones entre el orden macrosocial y las situaciones de interacción cara a cara" (Goffman, 1982, 171). Las situaciones de interacciones "cara a cara" se nos muestran en forma de narraciones y "...una narración bien hecha difiere de una exposición bien elaborada por el empleo que hace de las 'transformaciones subjetivizadoras'. Estas son usos léxicos y gramaticales que realzan estados subjetivos, circunstancias atenuantes y posibilidades alternativas." (Bruner, 1990, p. 64). La alternatividad se convierte en la norma de actuación social e interaccional generando una multiplicidad de opciones inimaginadas e inimaginables hace apenas unas décadas. Lo "social", el "cara a cara", "la alteridad" e, incluso, la propia individuación subjetivo/objetiva ya no responden a mecanismos de causa-efectos constreñidos por "Sistemas Pavlov" o similares, sino que "Esta atomización de lo social en redes flexibles de juegos de lenguaje puede parecer bien alejada de la realidad moderna que aparece antes que nada bloqueada por la artrosis burocrática." (Lyotard, 1994, p. 39).
Siguiendo a Gergen (1991) la "tremenda andanada de estímulos sociales" a que nos vemos sometidos en la actualidad se materializa en una (de)construcción del yo por la cual la personalidad moderna construida científicamente deja paso a una concepción postmoderna del individuo sometido a tal multiplicidad de posibilidades de acción que -de no ser por el lenguaje- desaparecería en la atomización social radial. "Es razonable pensar que la multiplicación de las máquinas de información afecta y afectará a la circulación de los conocimientos tanto como lo ha hecho el desarrollo de los medios de circulación de hombres primero (transporte), de sonidos e imágenes después (media)." (Lyotard, 1994, p. 15). Las lógicas de la racionalidad (modernidad) quedan suplantadas por las "lógicas" (por dar al proceso un nombre entendible) de la rapidez. Pero no sólo de la rapidez de circulación de conocimientos (traduzcamos la palabra "conocimientos" como queramos), desplazamientos y de los media, sino la multidireccionalidad de los mismos. Si nuestros padres estaban constreñidos a apenas los 30/40 kms. de posibilidad de acción física que sus medios les permitían, nosotros -en la postmodernidad- disponemos ya del don de la multiubicuidad.
La construcción social de la realidad, la potencia tecnológica del lenguaje, la velocidad y la multiubicuidad dotan a nuestra subjetividad de una objetividad postmoderna que -no sin cierto intenso "desgarro interior"- nos invade: la multiplicidad de nuestros "yoes" relacionales (hoy no es pensable un "yo" arrelacional, o sea, no dependiente de la alteridad). Así, el Construccionismo social postmoderno nos invita a nuevas formas de pensamiento más acordes con la manifiesta desaparición de la "artosis burocrática" de las ideas (del saber, del conocimiento)."...como científicos podemos llegar a convenir que en determinadas ocasiones llamaremos a diversas configuraciones 'conducta agresiva', 'prejuicio', 'desempleo', y demás, no porque simplemente haya agresión, prejuicio y desempleo 'en el mundo' sino porque estos términos nos permiten indexar las diversas configuraciones de modos que nos son socialmente útiles." (Gergen, 1994, p. 74). Incluso -me permito añadir- "poderosamente" útiles, lo que nos llevaría a ciertas reflexiones sobre el discurso postmoderno del poder (como poder de acción y como poder político) en las que, de momento, no voy a entrar, aún. Y -citando a Gergen de nuevo- ",...adoptemos un punto de vista construccionista y prestemos atención al discurso sobre la experiencia. Al considerar este tipo de discurso, la pregunta principal tiene consecuencias sociales. ¿Qué formas de vida cultural sustenta o suprime este discurso?" (Gergen, 1994, p. 97). ¿Y psicológica -añado de nuevo-? Volveremos sobre el tema...
¡Buen fin de semana!
Josep
Berger, P.L./Luckmann, Th. La construcción social de la realidad. Amorrortu. Buenos Aires, 1968.
Bruner, J. Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva, 1990. Alianza. Madrid, 1991.
Gergen, K. J. El yo saturado. Dilemas de identidad en el mundo contemporáneo, 1991. Paidós. Barcelona, 1992.
Gergen, K.J. Realidades y relaciones. Aproximaciones a la construcción social, 1994. Paidós . Barcelona, 1996.
Goffman, E. Microsociología e historia, 1982. En Díaz, F. (ed.) "Sociologías de la situación".
Lyotard, J.F. La condición postmoderna. Cátedra. Madrid, 1994.
05 octubre 2006
¿Qué es el Socioconstruccionismo?
Mañana a primera hora viajo hacia Barcelona. Entre otras interesantísimas cosas -que os contaré a partir de la semana que viene-, como dificultades y posibilidades al iniciar una Tesis Doctoral o qué pasa cuando te encuentras cara-a-cara con personas con las que únicamente te has relacionado a través de internet (como mis alumnas/os de la Tutoria de Psicología, a quienes voy a conocer personalmente); aunque esto no es la primera vez que me ha pasado, claro- asistiré a la Trobada presencial semestreal de la UOC. Durante la misma coordinaré un encuentro-debate-diálogo con la Doctora Adriana Gil Juárez, titulado "Construint el Socioconstruccionisme" ("Construyendo el Socioconstruccionismo"), al que espero que asista bastante gente; y que participe mucho, claro!
Si el otro día me referí coloquialmente a que los que nos dedicamos a la Psicología Social en general "recibimos por todos lados"; he de reconocer que los que asumimos una orientación socioconstruccionista todavía "recibimos" más, pues incluso los psicólogos y psicólogas sociales de otras orientaciones suelen enfrentarse bastante a la nuestra (bueno, y nosotras/os a la suya; lo reconozco).
En A Coruña, durante el pasado Congreso Estatal de Psicología Social oí al Catedrático de idem de la Universitat Autónoma de Barcelona, Lupicinio Íñiguez, comentar cómo muchos colegas se refieren a nostros como "palabreros", dado el enorme interés que tenemos en cómo el lenguaje construye la realidad; también, por supuesto, la psicológica... Si es que realidad psicológica quiere decir algo...
¿Qué es el Socioconstruccionismo? Mmmmm... Complicado...
Sin ánimo -ni mucho menos- de sentar cátedra, extraigo a continuación unos párrafos de un texto propio que hay en la web, en el apartado sobre "Socioconstruccionismo, Psicología social crítica y Psicología cultural", http://jsegui.e.telefonica.net/Textos/Socioconstruccionismo.htm#a
Algunas/os amigas y amigos que conocen el texto -como vereis, muy influido por Tomás Ibañez; lo reconozco- me han criticado, incluso duramente. Una de las críticas de mayor peso viene por el uso del constructo lingüístico "anti" delante de los cinco conceptos que explico muy brevemente. En más de una ocasión me han preguntado si no es posible decir lo mismo de otra forma... ¡Por supuesto que sí!!! Pero "anti" no significa que un socioconstruccionista vaya por ahí queriendo eliminar a sus contrincantes intelectuales. Simplemente intento dar un sentido, un significado, de acción, de praxis -incluso política, si es preciso- a los conceptos que expongo...
Voy a terminar de hacer la maleta. Espero que a la vuelta (el domingo por la noche) esto esté lleno de comentarios, críticas y anti-anti conceptos!!!
Ya os contaré cómo me ha ido por Barcelona. ¡Muy buen fin de semana!!!
Josep
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"Permítaseme resumir en cinco puntos los supuestos básicos que están presentes en todo mi trabajo.
a) Anti-esencialismo.- Los seres humanos no disponemos de ningún tipo de esencia "interior" que nos haga pensar como pensamos ni actuar como actuamos (Burr, 1995).
b) Anti-individualismo.- El centro de interés del psicólogo socioconstruccionista se traslada del individuo a los procesos de interacción social (Gil, 2002a; Swim, 2003).
c) Anti-realismo.- No hay ninguna realidad ahí fuera esperando a ser descubierta o interpretada. Los humanos construimos -en un proceso dialógico y social- la llamada "realidad" (Burr, 1995; Ibáñez, 2001).
d) Anti-dualismo.- La cultura occidental -gracias a la moral judeocristiana, a Descartes e, incluso más allá en el tiempo, a Aristóteles y Platón- tiene una fuerte tendencia a presentar las cosas en términos dualistas y opuestos. Bueno/malo, masculino/femenino, verdad/mentira, cuerpo/espíritu,... mente/cultura. Esta es una forma parcial de construir la realidad que no necesariamente tiene que ser "cierta".
Más allá de la filosofía dualista pensamos que la construcción social de la realidad es multivariada. No existe una "Verdad" absoluta y la ciencia de la modernidad es sólo una forma más de ver las cosas que fue útil en su momento.
e) Anti-desarrollismo.- Si la psicología social ha sido la primera subdisciplipina de la ciencia de la conducta en ser absorbida por los supuestos de la postmodernidad, todo indica que la psicología del desarrollo será la próxima (Forrester, 1999). Desde este punto de vista, el desarrollo individual humano no es dependiente de la biología (evolucionismo darwiniano), sino de la tecnología cultural/social.
En mi opinión, el esencialismo, el individualismo, el realismo, el dualismo y el desarrollismo son cinco mitos (usando la terminología de Ibañez, 2001) de la cultura occidental moderna. Nada más. Así, están situados y son construidos en un momento histórico determinado -el comprendido entre la Ilustración y finales del siglo pasado-. Como tales, no tienen ningún valor de verdad absoluta y son únicamente formas de ver las cosas que han sido útiles -eficaces- en un contexto y un momento dado."
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