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02 enero 2017

La Psicología es una rama de la Filosofía (a toda honra)



No estoy muy inspirado últimamente. Pero eso no es óbice para dejar de escribir. Así que lo sigo haciendo, aunque sea brevemente.

Acabo de tener una conversación con mi amigo el filósofo Sergio Pascual en la que se ha hecho presente mi afirmación de que “la psicología es filosofía”. En plan más académico e institucional, afirmo que “la psicología sigue siendo una rama de la filosofía”. A pesar -con un sincero homenaje- de Wilhelm Wunt (filósofo y fisiólogo considerado el padre de la “psicología científica”)- la psicología no se ha desligado de la filosofía. Ni debería de hacerlo.

¿Cómo puedo atreverme a hacer esta afirmación tan a-científica cuando (casi)todo el mundo está tan empeñado con(*) eso, con la cientificidad de la psicología basada en la evidencia? ¿Es esta mi manera de ganar amistades entre colegas con los mismos estudios y profesión que yo? ¡Vaya metedura de pata!!!

O no.

Supongo que tiene bastante sentido decir que la psicología es una invitación a la reflexión sobre uno mismo y su entorno. También en su vertiente investigativa, que en la actualidad -con un sincero homenaje a Burrhus F. Skinner y todos los conductistas- no sería tanto el estudio de la conducta humana como el establecer un diálogo reflexivo con el objeto de investigación; nosotras y nosotros mismos. No digamos en sus vertientes terapéutica, educativa, del trabajo y las organizaciones, social, de la práctica comunitaria,… Y… ¿cuál es objetivo de la filosofía si no, precisamente, la reflexión dialógica? Seguramente en un plano más elucubrativo en un primer paso y conceptual en un segundo. Pero, dicho así muy brevemente, los objetivos son comunes.

La psicología es como la aplicación práctica de la filosofía. De ahí mi también afirmación de que es “la filosofía del cuidado colectivo”. Y si esto fuera así, entonces estaríamos entrando en el terreno de la política, con lo que abrimos un campo de posibilidades inmenso a nuestra querida “disciplina” tan en decadencia y desorientada en los tiempos que corren.

Filosofía y política: psicología con sentido y acción. Psicología liberada de la tiranía de las reglas científicas y las evidencias estadísticas. Psicología que no está empeñada(*) con las estructuras de poder dominantes según las cuales los expertos decidimos y decimos a los demás lo que es normal, bueno y justo. Psicología del ser humano colectivo, de esa colectividad que ha construido incontables recursos (más que neuronas tenemos en la cabeza y genes en el ADN o donde sea) narrativo-históricos. O sea, culturales. Recursos que, a veces, no se encuentran. Y ese es el desencuentro que lleva a algunas personas -organizaciones, comunidades, grupos, familias, parejas,…- a perder el sentido, la intención y -por tanto la acción de sus vidas. En definitiva, han perdido la palabra: Mejor dicho, se la han robado…

Ante esto, ¿qué podemos hacer los psicólogos? Dejo la pregunta en el aire…

(*) Obsérvese que digo empeñado “con”. La fórmula lingüística correcta sería “en”. Pero no; la mayoría (no todos) de los psicólogos y psicólogas están empeñados con la ciencia y la evidencia. O sea, según el diccionario WordReference, están pignorados, hipotecados, prestados, cedidos, endeudados, entrampados, arruinados, … con ellas, con asuntos -en fin- que no son de su incumbencia, si no más bien de la de biólogos, neurólogos, y otros científicos naturales.

29 enero 2015

Tecnología: cuando la necesidad se convierte en costumbre

Encontrado en internet libre de derechos
Desde el Construccionismo social y la Filosofía nos cuestionamos bastante a menudo si las cosas -especialmente los seres humanos- tenemos alguna esencia. Parece bastante probable que la respuesta a este cuestionamiento sea que no; ni siquiera que esa esencia pudiera pertenecer al orden de lo social.

Pensar esto, sin embargo, nos puede llevar a un callejón sin salida, a la imposibilidad de tener esperanza de encontrar alguna respuesta a las grandes preguntas que nos hacemos desde hace miles de años: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo; a dónde voy? ¿Qué sentido tiene todo esto (el mundo, la vida, el universo,...)?

Seguramente necesitamos algunos referentes para que estas preguntas -sin respuesta por el momento- no nos lleven al sinsentido más absoluto; a la locura. Y construimos constantemente esos referentes siquiera sea a nivel local y contingente. Pero también como grandes verdades aparentemente universales y trascendentes. Estas respuestas ultrareferenciales vienen de la mano, por ejemplo, de la Religión, la Ciencia, la Espiritualidad, el Autoconocimiento,... incluso de la Política (como ideología, quizás).

Pero me parece que las cosas de la Verdad absoluta no son tan sencillas. ¿Cómo es que estamos aquí pensando y creyendo lo que pensamos y en lo que creemos (todo ello absolutamente respetable)? ¿Por qué nos levantamos cada mañana con un montón de cosas que hacer que, en muchas ocasiones, dan sentido local a esas grandes preguntas?

Encuentro inspiración en uno de los grandes filósofos de la Ilustración: David Hume. Quien me conoce ya sabe bien que es uno de mis pensadores favoritos... Según el escocés, todo eso que hacemos es por pura costumbre. O sea, no es por ningún tipo de determinación esencial interior -espiritual o biológica-, sino porque lo aprendemos contextualmente. Como he tenido oportunidad de dialogar en repetidas ocasiones con colegas y estudiantes, un día vemos un cuervo negro, luego otro, otro,... y así inferenciamos (¡tremenda capacidad humana!) que todos los cuervos son negros; y hacemos de la costumbre Verdad. Claro, esto sí que tendría un carácter potentemente social; aunque sigo sin estar seguro de si ese carácter es o no esencial.

Déjame mirar un poco más atrás, también a la Filosofía... Y al mito...

Parace tener bastante sentido la idea de que los seres humanos no podemos vivir solos, independientes los unos de los otros. Esta idea aparece bien clara ya en el Anónimo de Jámblico, a finales del siglo V o principios del IV a.C., "los hombres nacieron incapaces por naturaleza de vivir aislados" (89 DK 6). Los humanos no hubiéramos podido sobrevivir cuando aparecemos en la faz de la tierra hace más o menos unos doscientos mil años, según todas las convenciones. Ni lo podríamos hacer ahora mismo. Seguramente menos, ahora mismo. La pura necesidad de "estar con" es lo que hace entender a Prometeo -que se apiada de nosotros y de nuestra fragilidad natural- que necesitamos "algo más". Y ese algo más es la tecnología, simbolizada en el mito por el fuego que nos entrega. 

Platón se refiere al filósofo sofista Protágoras (probablemente entre 393 y 389 a.C., 319a y siguientes) y a su descripción mítica del origen de todas las cosas, incluidos nosotras y nosotros, y a cómo Prometeo -desoyendo las órdenes de Zeus- nos revela la tecnología; una tecnología que es éntechnos sophía, o sea sabiduría técnica. Sabidurías técnicas que poseen un marcado carácter instrumental, incluyendo a la más potente de todas ellas: el lenguaje.

A las grandes preguntas a que me refiero al principio me permitio añadir una más: ¿Cómo es que los seres humanos inventamos la(s) Tecnología(s)? ¿Las llevábamos en nuestro espíritu? ¿En nuestros genes? ¿Apareció por combustión espontánea? ¿Por iluminación divina? ¿Nos la entregó Prometeo? ¿Fue la Ciencia quien generó la Tecnología? Si me parecen bastante poco creíbles todas estas opciones, déjame tan sólo argumentar muy brevemente ahora en contra de la última. Según todos los indicios y las noticias que nos llegan de la Prehistoria, mucho antes de que Homo Sapiens sapiens empezara a "saber" inventando la Ciencia y la Filosofía, ya utilizaba sobradamente la Tecnología. Y la más importante de todas ellas, el lenguaje, lo que hizo fue poner un poco de orden en el caos incluso tecnológico de la realidad; aunque desde mi punto de vista construccionista radical lo que facilitó fue crear algo nuevo, que ni siquiera era caos; nada existía antes, nada existe fuera del lenguaje. El lenguaje dotó al ser humano de intención; hasta entonces hacía las cosas -incluyendo las cosas tecnológicas- inintencionadamente; por pura y dura costumbre.

Si estas ideas tienen una mínima consistencia -espero que sí, aunque sea eso, muy mínima- ¿qué tiene que ver esta sospecha de que la intención aparece con el lenguaje con el concepto de costumbre - no sólo pura y dura- de David Hume? ¿Qué tiene que ver Prometeo con la Ilustración? ¿Es la necesidad la que genera la costumbre social como quasi esencia humana? ¿O es la necesidad directamente nuestra esencia?

Lo dejo aquí por ahora. Aunque, como no puede de otra manera -sea esencial o por costumbre- continuaré...

Josep

- NOTA: Estas reflexiones vienen al teclado no sólo por la revisión directa de Platón o Hume para fundamentar mejor mi libro sobre Psicología; sino también por las referencias secundarias de la magnífica "Historia universal del pensamiento filosófico", editada por Armando Segura Naya y publicada por Líber en el año 2007, que me dirije a las referencias primarias oportunas y debidamente referenciadas.


01 agosto 2012

Breves fundamentos para una filosofía postmoderna

Imagen encontrada en internet de libre distribución


"El mejor de entre ellos no conoce sino opiniones, y las retiene firmemente; sin embargo, la justicia descubrirá a los engendradores y testigos de falsedades."
(Heráclito, Olimpíada LXIX, hace unos 2510 años: 207)

"Lo que en el título se denomina ídolo es sencillamente lo que hasta ahora fue llamado verdad. Crepúsculo de los ídolos, dicho claramente: la vieja verdad se acerca a su final..."
(Nietzsche, 1888: 111)

"Y aquí se trata del todo. Como hijos de la cultura anal, todos nosotros tenemos una relación más o menos perturbada hacia la propia mierda. La separación de nuestra conciencia de la propia mierda es el más profundo adiestramiento que nos dice lo que tiene que suceder oculta y privadamente."
(Sloterdijk, 1983: 10)

"¡Qué hermosa era la información del tiempo de la verdad! ¡Qué hermosa era la ciencia del tiempo de lo real! ¡Qué hermosa era la objetividad del tiempo del objeto! ¡Qué hermosa era la alienación del tiempo del sujeto!"
(Baudrillard, 1983: 94)

"(...) aquí reside la tarea de cualquier pensamiento filosófico: ir al límite de las hipótesis y procesos, aún cuando sean catastróficos." 
(Baudrillard, 2000: 71)
 Referencias:
  
Baudrillard, J. (1983): Las estrategias fatales. Barcelona: Anagrama. 
Baudrillard, J. (2000): La ilusión vital. Madrid: Siglo XXI.
Heráclito (Olimpíada LXIX, hace unos 2510 años; 1983): Fragmentos.  Barcelona: Orbis.
Nietzsche, F. (1888; 1971): Ecce homo. Madrid: Alianza. 
Sloterdijk, P. (1983): Crítica de la razón cínica. Madrid: Taurus.

26 diciembre 2011

Parole, parole, parole... Palabrismo




Al hilo de un debate con mis compañeras/os del Grupo de Psicología de la UOC, se me ocurre compartir aquí las siguientes palabras:

Lo que pasa con las palabras (sic) es muy curioso. Borges, Gergen y -entre otras/os- el etnógrafo Stephen A. Tyler (disculpad que no referencie ahora las citas exactas) nos recuerdan que cuando acudimos al diccionario para averiguar el significado de una palabra, siempre se nos remite a otras palabras,... hasta el infinito. Es decir, mediante la etimología nunca llegamos al significado "real" de las cosas o de las propias palabras. Entonces, ¿estas tendrían un significado más allá de las palabras y las propias cosas, una esencia en el sentido platónico del mundo de las ideas? ¿O son reales porque percibimos su existencia a través de los sentidos?

Este tipo de reflexiones nos pueden llevar a un nihilismo sobre cuyas consecuencias Javier nos ha regalado alguna reflexión más que interesante. Me pregunto (creo que comparto duda con Javier): ¿y qué pasa si la esencia de todo es el nihilismo, es decir, si no hay nada detrás de lo que creemos que es la realidad? O, ¿qué tiene de "malo" considerar que las palabras y los símbolos son la propia realidad y no hay nada más allá de ellas?

Con este tipo de cuestionamientos estamos abriendo alternativas al dualismo judeocristiano y cartesiano racionalismo/empirismo. Y ese es uno de los objetivos, precisamente, del construccionismo social: abrir alternativas a lo establecido, incluyendo al propio construccionismo social.

Esto que puede parecer mera especulación filosófica tiene, sin embargo, consecuencias tremendas en su aplicación práctica a, por ejemplo, la terapìa, la intervención psicosocial o la investigación. Si cambiamos nuestro punto de vista y consideramos que las personas -en cualquiera de los ámbitos que propongo- a) cuando nos explican algo lo que dicen no tiene significado (nihilismo) o b) lo que dicen es la realidad por sí misma sin referenciarla al saber de la razón o de la experiencia (palabrismo, por decirlo así), entonces estamos abriendo alternativas a las orientaciones tradicionales de la intervención psicológica.

Pero ¿cuáles son las consecuencias de estas alternativas? En el caso "a", curiosamente, nos tendríamos que aliar con esas orientaciones tradicionales porque ante el nihilismo epistemológico sólo cabe presentar el saber y la experiencia del experto; construido a su vez sobre la nada, sí, pero saber al fin. O sea, si aceptamos un punto de vista nihilista, todo saber experto es una mentira no construida socialmente sino directamente inventada. Pero una mentira "útil". En el caso "b", sin embargo, tendríamos una realidad en que basarnos: las palabras, que, a su vez, construyen la realidad. Así, consultor y consultante se entienden mediante el diálogo, creando nuevas formas de práctica colaborativa orientada a generar alternativas al conflicto "mental", "social" o de "investigación".

¿He citado la filosofía? Sí, un poco más arriba. Bueno, pues dos filósofos contemporáneos que entiendo que influyen bastante en el socioconstruccionismo, Gilles Deleuze y Félix Guattari, comentan que el objeto de la filosofía no es especular a secas, sino "Crear conceptos siempre nuevos" (esta vez sí que referencio, que tengo el libro a mano, 1991, pág. 19). Y también comentan que "... cada concepto remite a otros conceptos, no sólo en su historia, sino en su devenir o en sus conexiones actuales". Y "... los conceptos se extienden hasta el infinito y, como están creados, nunca se crean a partir de la nada" (id., pág. 35).

Quizá la esencia de las palabras sea eso, crear conceptos. Especulativos, epistemólogicos, prácticos, loquesea...

Palabras de amor sencillas y tiernas como las que más o menos cantaba Serrat hace ya unos años. O juegos de palabras como los del chiste un poco viejo del señor que va al médico y le dice: "Doctor, me encuentro mal". Y el otro le contesta: "Pues búsquese bien". Palabras construyendo poesía y humor en un mundo relacional -el de la intervención psicológica; pero también en general- en el que loquehayquehacer y lamalaleche campan a sus anchas. En una terapia hay métodos, técnicas, esquemas mentales y cosas así que dictan al terapeuta lo que ha de hacer. Y lo mismo en la intervención comunitaria o en la investigación. La/el psicóloga/o es como un niño y constantemente recibe instrucciones y órdenes sobre cómo hay que hacer las cosas. Esto me pone un poco de mala leche... Vuelvo a Serrat: "Niño, deja ya de joder con la pelota// Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca"...

Pues bueno, algunas/os jodemos con la pelota, decimos, hacemos y tocamos lo que otras/os no; lo que nos da la gana. Porque, como con las palabras y los conceptos, no hay nada sagrado. No hay nada que no se pueda decir, hacer, tocar...

Referencia: Deleuze, Gilles y Guattari, Félix (1991), ¿Qué es la filosofía? Barcelona: Anagrama.


14 marzo 2011

Sociedad del Conocimiento versus Sociedad de la Relación

(Foto: producción propia)




 ¡Hola!

Hace unos días, en el diario Público, leí este interesante artículo del filósofo Carlos París:

http://blogs.publico.es/dominiopublico/3066/la-sociedad-del-conocimiento/

Me atreví a contestarle, envié el texto al diario y no lo publicaron (están en todo su derecho, ¿eh?). Pues lo doy a conocer por aquí.

¡Saludos!!!

SOBRE LA “SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO”. RESPUESTA A CARLOS PARIS
Josep Seguí .

Admirado y respetado Señor París:

Me ha gustado y sorprendido su artículo de opinión aparecido el pasado día 22 de febrero en este mismo periódico.

Me ha gustado por que comparto algunas de sus muy bien fundadas opiniones. Pero me ha sorprendido por la facilidad con que mezcla churras con merinas en una especie de batiburrillo crítico intelectual lleno de tautologías y que no parece propio de un filósofo de alto nivel como es Usted.

La opinión expresada por su amigo contiene alguna de esas tautologías, en el sentido de sistema de verdad que se sostiene –si lo hace- tan sólo en un plano intelectual pero que no tiene contraste empírico posible. La sociedad de la información y el conocimiento (SIC) no tiene nada que ver, en mi humilde opinión, con la supuesta desaparición del “proletariado que en otros días fue tan importante”. Supongo que aquí estamos de acuerdo. Pero su contra argumentación cae en los mismos errores que los de su amigo. Mucho me temo que intenta utilizar tantos argumentos que su discurso se dispersa en exceso, dando lugar a una mezcolanza conceptual que pierde sentido en la forma, dejando el interesante fondo del que creo que es su mensaje en un oscuro pozo.

No sé qué tiene que ver la SIC con que los coches sean teoremas, con la explotación de los niños en los países periféricos (antes del tercer mundo) o con los trabajadores que, por cierto, tampoco protagonizaron tanto la última huelga general como, lamentablemente, tuve ocasión de comprobar pues participé activamente en la misma a través del sindicato al que pertenezco. Y me sorprende cómo mezcla conceptos como “Postmodernidad”, “sociedad postindustrial”, “sociedad del conocimiento”, “sociedad de la información”. Es posible que estos conceptos dispongan de un hilo constructor común, pero ello no los descalifica así, en bloque. La historia es una interacción de procesos. Estoy de acuerdo en que no es sólo una “sucesión de catástrofes”. Procesos históricos y sociales como la postmodernidad son tan válidos o inválidos como los que se dieron durante la Prehistoria, la época clásica griega o la edad media. La postmodernidad o la sociedad postindustrial –como la posthistoria o el posthumanismo- existen tanto como la sociedad moderna, industrial, histórica o humana. Todos estos conceptos procesuales nos invitan a reflexionar diacrónicamente sobre nosotras y nosotros como seres humanos, fruto y responsables al mismo tiempo de nuestro devenir. Los postmodernos no convertimos las teorías –revolucionarias o no- de los siglos XIX y XX en meros “relatos”. Lo son. Y su enorme valor es precisamente ese: ser relatos, interpretaciones de lo que pasó y de lo que pasa; en algún sentido de lo que pasará. No veo que esto esté reñido en absoluto con la “búsqueda de medios y recursos para resolver los grandes problemas que aflijen al mundo”.

La idea de que el orden mundial ha sido sustituido por “una angélica sociedad de seres pensantes” no tiene nada que ver con la SIC ni siquiera con la dominante filosofía griega. Como Usted sabe mejor que yo Platón propuso un sistema social dirigido por los filósofos. Pero no consiguió verlo instaurado. Y no, los que creemos en la postmodernidad como un espacio desde dónde analizar los procesos que nos rodean y que co-construimos y en la SIC como otro –complementario- desde donde trabajar, comunicarnos y relacionarnos, leemos y discutimos a veces a Platón, pero no está entre nuestros objetivos instaurar una República de los Filósofos. Estamos muy al tanto de lo que comemos y de lo que comen nuestros semejantes, aquí y en otras partes del mundo.

La “realidad viva” no es una metáfora o una ilusión. Es una construcción colectiva llena de significados compartidos. Y como tal es más real que cualquier otro tipo de realidades. Las y los que nos ocupamos de ella no vivimos en un mundo de las ideas ajeno a los problemas sociales. Muy al contrario, conscientes de nuestra agencia como científicos sociales, interpretamos, participamos e intentamos cambiar lo que creemos que ética –incluso moralmente- es injusto. Para ello utilizamos conceptos que ahora se llaman postmodernidad, postmarxismo, postfeminismo o teoría queer. Pero que podrían llamarse de otra forma supongan o no una ruptura con conceptos algo más anticuados y que, en ocasiones, han mostrado sobradamente su incapacidad para cambiar el mundo, someterse al poder y facilitar lo que Usted llama la “domesticación de las masas”.

Y sí, usamos las (ya no “nuevas”) tecnologías que nos facilita la Sociedad de la Relación (SR, hasta hace poco, SIC); tecnologías que tratamos de utilizar e integrar para conseguir “la democratización de la información y la reorientación de la investigación científica”. Humildemente. Utilizando relatos, palabras, praxis, acción.

Josep Seguí es Psicólogo social y especialista en SIC.

06 febrero 2011

Filosofía

¡Hola!

Me permito compartir un texto de mi profesor de filosofía,  Joan Ramon Vila Abenza. Me ha encantado. ¡Saludos!!!

Josep

(...) "El que em plantejo amb aquesta assigantura, a part que conegueu les principals línees 
de pensament que travessen els segles de la nostra cultura, és que hi veieu també com 
intervenen en la configuració del nostre present. 

Tota mirada al passat és una interpretació des del nostre present i la reconstrucció 
històrica no està exempta de les nostres preguntes actuals. I això val també per a la 
història de les idees, i no només per a la història, ja que les idees es retroalimenten 
també dels fets històrics. Per això llegir filosofia és sempre un viatge en el temps per 
descobrir també com estaven fets els homes i les dones del passat i com 
s'interpretaven a si mateixos.

Avui més que mai, les humanitats s'enfronten al repte d'interpretar el present, 
un present més dinàmic i en ebullició que mai per la generació constant de novetat. 
La filosofia, com a especialitat dedicada a la creació, reelaboració i ordenació d'idees, 
s'enfronta al repte de contribuir a la comprensió dels fenòmens dels nous temps. 
La creixent interdisciplinarietat dels sabers demana nous sistemes ideològics que 
integrin les complexes connexions entre els fenomens de la realitat. Avui més que mai 
calen nous ideòlegs que sàpiguen explicar la complexitat que genera la màquina 
real/virtual del nostre temps."
_____________________________________________________

(…) “Lo que me planteo con esta asignatura, además de que conozcáis las principales líneas de pensamiento que atraviesan los siglos de nuestra cultura, es que veáis también como intervienen en la configuración de nuestro presente.

Toda mirada al pasado es una interpretación desde nuestro presente y la reconstrucción histórica no está exenta de nuestras preguntas actuales. Y esto vale también para la historia de las ideas, y no sólo para la historia, puesto que las ideas se retroalimentan también de los hechos históricos. Por esto leer filosofía es siempre un viaje en el tiempo para descubrir también como estaban hechos los hombres y las mujeres del pasado y como se interpretaban a si mismos.

Hoy más que nunca, las humanidades se enfrentan al reto de interpretar el presente, un presente más dinámico y en ebullición que nunca por la generación constante de novedad. La filosofía, como especialidad dedicada a la creación, reelaboración y ordenación de ideas, se enfrenta al reto de contribuir a la comprensión de los fenómenos de los nuevos tiempos. La creciente interdisciplinaridad de los saberes pide nuevos sistemas ideológicos que integren las complejas conexiones entre los fenómenos de la realidad. Hoy más que nunca hacen falta nuevos ideólogos que sepan explicar la complejidad que genera la máquina real/virtual de nuestro tiempo.”

15 enero 2011

Brevísimas reflexiones filosóficas...

(Melencolia I. Alberto Durero. Grabado. 1514)

“Nunca miramos sólo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos.”John Berger[1]
 
(...)
 
Me interesa evocar cuál es la relación entre Melencolia I de Durero y el espectador[2] que ve el grabado por primera vez. Insisto en que evoco. Y por tanto hay en mis próximas palabras algo de invención. Invención evocativa de lo que quizá puede ser. Y escribo/evoco con la esperanza de conseguir una narración coherente, justificada y documentada de lo que pudo ser hace unos cuantos cientos –ya no miles- de años en relación con la ciencia y la filosofía. Y también con la cultura y la vida cotidiana.

Intento usar una metodología quizás un poco diferente, en la que la ciencia –al menos una ciencia humana como la filosofía- no trata de poner al descubierto lo oculto sino de evocar distribuciones horizontales. Hago mías las palabras del semiólogo francés Jacques Rancière: “Siempre intento pensar en términos de distribuciones horizontales, combinaciones entre sistemas de posibilidades, no en términos de superficie y substrato” (2003, pág. 49).

Antes de dejar volar al espíritu mediante la evocación controlo su tendencia a la imaginación, a veces exagerada, que puede llevar al sueño o al éxtasis, materializado en “’visiones’ o revelaciones de carácter cosmológico, beatífico o profético” (Granada Martínez, 1984, pág. 51).

Sin ánimo, pues, de poner al descubierto lo oculto, pero tampoco de dejarme llevar por la imaginación, trato ahora de resumir qué ha pasado durante los aproximadamente diez siglos anteriores a que el espectador se encante y se ponga melancólico –estoy evocando- ante la obra de Durero.

(...)

Este es un poco el “espíritu de la época” que vive Ficino. Ocultismo, religión y racionalismo en interacción. Contradicciones, dudas; fe, ciencia,… El Renacimiento.

Y un buen ejemplo del “espíritu de la época” del inicio del Renacimiento lo encontramos, precisamente en el Melencolia I de Durero, grabado de 1514.

El ángel algo serio, quizá triste, parece querer dirigir su mirada hacia arriba, hacia donde se supone que está Dios. Aparece rodeado de diversos útiles de geometría, arquitectura, matemáticas,…; útiles propios de la ciencia positivista y la tecnología, pero también de las ciencias ocultas, entre otras, la kábala, posiblemente representada por el cuadrado mágico. Le acompañan un perro famélico y un putto[3]. Aquel es quizá el símbolo de la decadencia de la naturaleza; este de la unión entre lo carnal y lo espiritual. Elementos, símbolos de lo humano y lo divino entremezclados sin orden aparente: el Renacimiento. La melancolía. 

(...)


[1] Berger, John (1974) Modos de Ver. Barcelona: Gustavo Gili. Pág. 14.
[2] En este escrito se utiliza el género neutro sin que ello implique ningún tipo de diferencia sexista.[3]Angelillo muy utilizado en la iconografía del Renacimiento que representa en muchas ocasiones a Cupido, el inmortal dios del Amor, del encuentro entre lo carnal, lo humano y lo espiritual, lo divino. Fuente: putto. (2010). In Encyclopædia Britannica. Retrieved November 29, 2010, from Encyclopædia Britannica Online: http://www.britannica.com/EBchecked/topic/484410/putto.

Podéis acceder al documento completo (si os apetece) pinchando aquí.

¡Gracias!!!

Josep

07 enero 2011

Platón y el nombre de las cosas (breve reflexión filosófica; mañana más...)

(Imagen: La scuola di Atene. Raffaello Sanzio, 1509)

(...)

Platón propone una teoría basada en los elementos del conocimiento: Nombre, Definición, Imagen, Conocimiento en sí y Objeto en sí. La teoría es, en mi opinión, muy atractiva. Pero falla en algo que llevaría horas discutir. De hecho sigue discutiéndose. Dice Platón que el nombre de los objetos no influye en los mismos.

La teoría, como digo, resulta atractiva como modelo procesual de conocimiento. Este empieza por aquello más evidente: el nombre de la cosa, para pasar enseguida a definirla. La imagen de la cosa es la sombra proyectada en el fondo de la caverna. Hasta aquí llegaría el conocimiento del común de los mortales: guerreros y trabajadores. Y ya son los filósofos quienes empezarían a entender, mediante métodos dialécticos y también contemplativos, el Conocimiento en sí y, sobre todo, el Objeto en sí.

No pocas religiones y escuelas místicas han encontrado en esta teoría una buena base para elaborar sus procesos de acceso al Conocimiento. Incluso la ciencia lo hace, especialmente conforme se va adentrando en lo más pequeño (a nivel subatómico) y acercando a lo más grande (a nivel cosmológico). Sin embargo es muy posible que el Nombre sea, precisamente, el Conocimiento en sí y el Objeto en sí en un mundo en el que de si algo estamos seguras y seguros es de que ponemos nombres a las cosas y con eso las creamos.

Sin embargo también es posible que el Conocimiento sea algo menos pragmático y más moral. Es posible que lo Moral aún sea posible (sic). Entonces creo que estaría de acuerdo con Platón, a pesar de lo enigmático de sus palabras: “Pero el bien no es esencia, sino algo que está todavía por encima de aquélla en cuanto a dignidad y poder” (República, 509b).

Josep

22 diciembre 2010

Muy interesante

(Pinchar en la imagen para acceder a la web)

 ¡Os recomiendo un vistazo!!!

Josep

"Sociedad Latinoamericana, es una publicación bimestral, sin fines de lucro, edita por los miembros del Seminario de Pensamiento Social Latinoamericano, impartido extracurricularmente en la licenciatura en sociología de la FES Aragón, UNAM, quienes ante la necesidad de tener un órgano de difusión, discusión y retroalimentación con la comunidad de la FES Aragón, así como con otros estudiantes, profesores, investigadores, etc., de otras latitudes, decidimos ejercer nuestros derechos a la libre expresión y al acceso a la información, pronunciándonos de esta manera por la democratización en la publicación y acceso a información y el conocimiento en la Internet."

También están en facebook.

22 noviembre 2010

Filosofía y Ciencia en la época helenística

(Dibujo encontrado en internet)


La Biblioteca de Alejandría no era sólo eso. Era un inmenso centro de saber e investigación científica y filosófica que aglutinaba el esplendor de la llamada cultura helenística. Estaban a punto de conseguir logros tecnocientíficos muy similares a los nuestros. ¿Por qué fue destruida tan salvajemente?

¿Por qué si el neoplatónico Plotino ya en el Siglo III dejó clarito que una cosa era la Ciencia y la Filosofía y otra la Fe y la Teología, va i vinieron los primeros padres de la cristiandad y se empeñaron en oscurecer nuestras vidas durante unos cuantos siglos (más o menos hasta el Renacimiento)?
¿Por qué el sol lo ilumina todo y cuando lo miras a él te quedas ciego y ya no ves nada?

Y ¿Por qué coño me da ahora a mí por preocuparme, estudiar e investigar estas cosas? No tiene nada que ver con la Psicología social, ¿no? 

Pero seguro que un poquito sí con mi libro, en el que no trato más que de formalizar una especie de historia no oficial, off-the-record; un tanto burda e irónica -vamos, a mi bola-, del devenir (¿qué otra cosa es, si no?) de la psiquis humana...

Mmmmmmmm. Cuántas dudas!!! Y... ¡Qué divertidas!!!

;-)

Josep

Puedes encontrar algunos de nuestros artículos y publicaciones en:

"What is Matter? Never Mind! What is Mind? No Matter!"

Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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