¡Hola!
Hace poco, al hilo del artículo de Minuchin que envió Esther os prometí que buscaría y enviaría alguna cosita que tenía (es del año 2003). Pues ahí va. Espero que os guste y que genere algo de polémica y debate.
¡Abrazos!
Josep
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La familia -como núcleo básico de la sociedad en el que se inician los procesos de desarrollo humano- está desapareciendo. No quiero caer en tópicos. Una voz tan autorizada como la de la antropóloga Margaret Mead ya nos comentaba en 1970 que la familia tradicional había sido sustituida por la cofigurativa. La influencia de los padres sobre los hijos era suplantada por los pares de cohorte, especialmente en una etapa fundamental del desarrollo, la adolescencia. Me permito incluir en estos pares, exosistemas
[1] como la televisión, los videojuegos, la tecnología de comunicación móvil e Internet. No deseo asustar a nadie, pero el capítulo 3 -sobre el futuro de las relaciones intergeneracionales- del esclarecedor libro de Mead lleva por título "Culturas postfigurativas e hijos desconocidos"...
La aparición en 1997 de "Conversation, language, and possibilities. A postmodern approach to therapy" de Harlene Anderson, supuso, probablemente, el inicio de un nuevo paradigma en psicoterapia: el postmoderno, basado en la línea socioconstruccionista de Kenneth J. Gergen y otros. Anderson -entrenada en técnicas de enfoque familiar- se hace consciente de alguno de los argumentos que he esgrimido y propone que es en el lenguaje -en su uso- y en la conversación donde se dan tanto el trastorno psicológico como su posible reconstrucción, ya que es mediante el lenguaje a través de lo que se construye la realidad social -también la familiar, sin duda-. Otros autores (Burman, 1994, Morss, 1996; cits. en Forrester, 1999) ya habían anunciado que la más significativa de las prácticas humanas es el lenguaje y que sólo desde su análisis se puede conceptualizar el desarrollo humano. Este anti-desarrollismo emergente (Forrester, 1999) muestra, además, que las teorías clásicas del desarrollo no pueden tomarse seriamente y que es muy posible que la próxima materia de la Psicología
[2] en incorporarse al postmodernismo (post-estructuralismo, según el autor) sea, precisamente, el estudio del desarrollo humano, basándolo en técnicas como el análisis del discurso, la etnometodología y otras tomadas de la etnografía postmoderna (esto lo digo yo): la evocación frente a la observación en el trabajo de campo y en la intervención cultural participante. Todavía está por ver -según mis datos- si esta profecía se cumple. Pero hay evidencias de que ha levantado no pocas ampollas en algunos de los clásicos -y acérrimos- defensores de la Teoría del Ciclo Vital Familiar.
Salvador Minuchin, en 1998, reaccionó con un excelente
[3] artículo a los supuestos de la obra de Anderson. El propio autor se reconoce representante de "...
the more traditional view in family therapy..." (pág. 397) y pone seriamente en duda que el sociconstruccionismo, como metateoría, sea útil al terapeuta para entender mejor el funcionamiento de la familia. En su análisis de "Conversation, language, and possibilities" dice que parece ser que el constructo de familia ha llegado a ser un concepto restrictivo y que "
Perhaps in jumping over the family, social constructionist have embodied the antifamily, antipatriarchal bias of radical liberation ideology" (pág. 399). Anderson (1999) no llega a responder a la provocación de Minuchin, quedándose en la evidencia de que ambos hablan lenguajes diferentes, de que la terapia familiar no es una teoría o práctica unificada y que los socioconstruccionistas ponemos el énfasis en una terapia individual/social basada en los constructos postmodernos (no modernos, no clásicos) de la colaboración narrativa y enfocada hacia la solución de problemas, no hacia esa especie de paradoja de la homeostasis familiar (esto último es mío). Como también es mío decir, sin ningún tipo de rubor, que sí, que asumimos los sesgos radicalmente liberadores
[4] de los supuestos antifamiliares y antipatriarcales.
Cierro mi discurso con una referencia y cita de un artículo de Anderson de 1994 -previo a la publicación de su libro y al interesantísimo debate que he resumido-. La psicóloga (1994) reconoce que la terapia familiar ha cumplido un sustancial e innegable papel en las profesiones relacionadas con la salud mental en general. Y dice: "
Paradoxically, it is this core conceptualization of relationship (...the shift from viewing human behavioer from an intrapsychic perspective to seeing it in the context of human systems...) that moves family therapy, for some, beyond family therapy." (pág. 145).
[1] En términos de Bronfrenbrenner (1979), los que actúan sobre el desarrollo sin que el sujeto participe de forma activa en ellos.
[2] Tras la social.
[3] Por mucho que no esté de acuerdo con sus planteamientos, no dejo de reconocer que el estilo narrativo de Minuchin es excelente.
[4] Inspirados, por ejemplo en educación, por las propuestas de Paulo Freire, en psicología social/clínica de Alberto Melucci y en investigación social participativa, de Fals Borda. Maritza Montero y Tomás Villasante.
Referencias.-
Anderson, Harlene (1994): Rethinking family therapy: a delicated balance.
Journal of Marital and Family Therapy. 20, 2. 145-148.
Anderson, Arlene (1997):
Conversation, language, and possibilities. A postmodern approach to therapy. Basic Books. New York, 1997.
Anderson, Harlene (1999): Reimagining family therapy: reflections on Minuchin's invisible family.
Journal of Marital and Family Therapy. 25, 1. 1-5.
Bronfenbrenner, Urie (1979):
La ecología del desarrollo humano. Experimentos en entornos naturales y diseñados. Paidós. Barcelona, 1987.
Forrester, Michael A. (1999): Essay review: Recognizing the gaunlet: Anti-developmentalism in developmental psychology.
British Journal of Psychology. 90, 305-311.
Mead, Margaret (1970):
Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional. Gedisa. Barcelona, 2002.
Minuchin, Salvador (1998): Where is the family in narrative family therapy?
Journal of Marital and Family Therapy. 24, 4. 397-403.
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