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Desde el Construccionismo social y la Filosofía nos cuestionamos bastante a menudo si las cosas -especialmente los seres humanos- tenemos alguna esencia. Parece bastante probable que la respuesta a este cuestionamiento sea que no; ni siquiera que esa esencia pudiera pertenecer al orden de lo social.
Pensar esto, sin embargo, nos puede llevar a un callejón sin salida, a la imposibilidad de tener esperanza de encontrar alguna respuesta a las grandes preguntas que nos hacemos desde hace miles de años: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo; a dónde voy? ¿Qué sentido tiene todo esto (el mundo, la vida, el universo,...)?
Seguramente necesitamos algunos referentes para que estas preguntas -sin respuesta por el momento- no nos lleven al sinsentido más absoluto; a la locura. Y construimos constantemente esos referentes siquiera sea a nivel local y contingente. Pero también como grandes verdades aparentemente universales y trascendentes. Estas respuestas ultrareferenciales vienen de la mano, por ejemplo, de la Religión, la Ciencia, la Espiritualidad, el Autoconocimiento,... incluso de la Política (como ideología, quizás).
Pero me parece que las cosas de la Verdad absoluta no son tan sencillas. ¿Cómo es que estamos aquí pensando y creyendo lo que pensamos y en lo que creemos (todo ello absolutamente respetable)? ¿Por qué nos levantamos cada mañana con un montón de cosas que hacer que, en muchas ocasiones, dan sentido local a esas grandes preguntas?
Encuentro inspiración en uno de los grandes filósofos de la Ilustración: David Hume. Quien me conoce ya sabe bien que es uno de mis pensadores favoritos... Según el escocés, todo eso que hacemos es por pura costumbre. O sea, no es por ningún tipo de determinación esencial interior -espiritual o biológica-, sino porque lo aprendemos contextualmente. Como he tenido oportunidad de dialogar en repetidas ocasiones con colegas y estudiantes, un día vemos un cuervo negro, luego otro, otro,... y así inferenciamos (¡tremenda capacidad humana!) que todos los cuervos son negros; y hacemos de la costumbre Verdad. Claro, esto sí que tendría un carácter potentemente social; aunque sigo sin estar seguro de si ese carácter es o no esencial.
Déjame mirar un poco más atrás, también a la Filosofía... Y al mito...
Parace tener bastante sentido la idea de que los seres humanos no podemos vivir solos, independientes los unos de los otros. Esta idea aparece bien clara ya en el Anónimo de Jámblico, a finales del siglo V o principios del IV a.C., "los hombres nacieron incapaces por naturaleza de vivir aislados" (89 DK 6). Los humanos no hubiéramos podido sobrevivir cuando aparecemos en la faz de la tierra hace más o menos unos doscientos mil años, según todas las convenciones. Ni lo podríamos hacer ahora mismo. Seguramente menos, ahora mismo. La pura necesidad de "estar con" es lo que hace entender a Prometeo -que se apiada de nosotros y de nuestra fragilidad natural- que necesitamos "algo más". Y ese algo más es la tecnología, simbolizada en el mito por el fuego que nos entrega.
Platón se refiere al filósofo sofista Protágoras (probablemente entre 393 y 389 a.C., 319a y siguientes) y a su descripción mítica del origen de todas las cosas, incluidos nosotras y nosotros, y a cómo Prometeo -desoyendo las órdenes de Zeus- nos revela la tecnología; una tecnología que es éntechnos sophía, o sea sabiduría técnica. Sabidurías técnicas que poseen un marcado carácter instrumental, incluyendo a la más potente de todas ellas: el lenguaje.
A las grandes preguntas a que me refiero al principio me permitio añadir una más: ¿Cómo es que los seres humanos inventamos la(s) Tecnología(s)? ¿Las llevábamos en nuestro espíritu? ¿En nuestros genes? ¿Apareció por combustión espontánea? ¿Por iluminación divina? ¿Nos la entregó Prometeo? ¿Fue la Ciencia quien generó la Tecnología? Si me parecen bastante poco creíbles todas estas opciones, déjame tan sólo argumentar muy brevemente ahora en contra de la última. Según todos los indicios y las noticias que nos llegan de la Prehistoria, mucho antes de que Homo Sapiens sapiens empezara a "saber" inventando la Ciencia y la Filosofía, ya utilizaba sobradamente la Tecnología. Y la más importante de todas ellas, el lenguaje, lo que hizo fue poner un poco de orden en el caos incluso tecnológico de la realidad; aunque desde mi punto de vista construccionista radical lo que facilitó fue crear algo nuevo, que ni siquiera era caos; nada existía antes, nada existe fuera del lenguaje. El lenguaje dotó al ser humano de intención; hasta entonces hacía las cosas -incluyendo las cosas tecnológicas- inintencionadamente; por pura y dura costumbre.
Si estas ideas tienen una mínima consistencia -espero que sí, aunque sea eso, muy mínima- ¿qué tiene que ver esta sospecha de que la intención aparece con el lenguaje con el concepto de costumbre - no sólo pura y dura- de David Hume? ¿Qué tiene que ver Prometeo con la Ilustración? ¿Es la necesidad la que genera la costumbre social como quasi esencia humana? ¿O es la necesidad directamente nuestra esencia?
Lo dejo aquí por ahora. Aunque, como no puede de otra manera -sea esencial o por costumbre- continuaré...
Josep
- NOTA: Estas reflexiones vienen al teclado no sólo por la revisión directa de Platón o Hume para fundamentar mejor mi libro sobre Psicología; sino también por las referencias secundarias de la magnífica "Historia universal del pensamiento filosófico", editada por Armando Segura Naya y publicada por Líber en el año 2007, que me dirije a las referencias primarias oportunas y debidamente referenciadas.
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