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09 octubre 2008

De la Sociedad del Riesgo a la Sociedad del Terror


"¿Qué tiene que ver esta nueva situación socio-económica del mundo con vuestra especialidad? ¿Los de a pié, debemos razonar? ¿o, simplemente, no pensar y dejar que lo hagan y ejerzan los de siempre?" (Valentín, 05/10/2008)

Las preguntas de Valentín me han traído a la memoria un artículo con el mismo título de la entrada, que escribí hace algunos años (2003) y que tenía archivado y medio olvidado por ahí sin publicar. Quizá sea ahora el momento de retocar alguna cosa e intentar su publicación. En el artículo reflexiono desde el concepto de la Sociedad del Riesgo de Ulrich Beck proponiendo que ya hace años vivimos en la Sociedad del Terror. Os envío algunos párrafos.

No pretendo dar respuesta a las preguntas planteadas por nuestro colega. Simplemente lanzar alguna que otra idea y propuesta de reflexión. Y generar más dudas. Espero que os sea de utilidad para la que nos está cayendo!!! Y espero que el debate no finalice aquí. Empiezo por la Conclusión:

"El panorama pinta oscuro, como es (e)vidente. Ni siquiera alguna pincelada irónica es capaz de motivarme una sonrisa al repasar todo lo anterior. Lo apasionante de la reflexión política -mediada, sin duda por un enfoque psicosocial en mi caso- es que permite la reflexión y crítica sobre la cotidianeidad, sobre la imbecilidad de las instituciones, algunas aún, nacionales. "La junta Electoral Central ha prohibido que durante las próximas elecciones del día 25 se coloquen carteles o que los interventores lleven pins o adhesivos con el lema "No a la guerra", por considerarlo de carácter político." (Hoy mismo, a las 14:45 en los Informativos de Tele-5 Televisión). Definitivamente, lo grotesco se ha apoderado de lo político. Al fin, los homo grotescus se han convertido en homo politicus profesionabilis - ridículos, extravagantes, irregulares, groseros, de mal gusto-."

(...)

"La sociedad del riesgo global se ha convertido en un Gran Casino, con una diferencia: en el juego de la globalidad no hay banca (siguiendo al sociólogo Richard Sennett, 1998); el que gana, lo gana todo. Así, la sociedad de clases tradicional (basada en le reparto de bienes y escaseces) se convierte en una nueva sociedad de reparto del riesgo con la aparición bio/social de tres subespecies (hay más, las veremos dentro de poco): el homo gannandis; el grotescus y el radiactivus. Unos pocos (cada vez menos) comen mucho (cada vez más); muchos nos comemos sus migajas; y aún hay quien se come las migajas de nuestras migajas. La globalización -el volcán civilizatorio (Beck, 1986)- descrito nos jode en el reparto de los recursos y en el reparto de los riesgos. No más ni menos que antes de la globalización. Pero ahora sin límites. No hay límites en la sociedad del riesgo/terror. Antes el límite era el Estado/Nación. Ahora vemos cómo este queda diluido en el éter de la supranacionalización mundial y bajo los dictados de la multinacionalidad económica. Resultado objetivo: jodidos y aterrorizados."

(...)

"La situación amenaza con convertirse en algo grotesco: el ámbito de lo no político empieza a ejercer la función de guía de la política. La política se convierte en una agencia, públicamente financiada, para los aspectos positivos de un desarrollo que ella misma desconoce y en el que no puede influir." (Beck, 1986: 278).

Voy a ser -lo soy- algo ácrata en mi análisis político de la globalización. Si Beck está, de alguna manera, minimizando los efectos de la política, tal como la conocemos hasta ahora, sobre la era de la globalización, yo me atrevo a decir en voz alta que no sirve para nada. ¡Cuidado! No sirve para nada la política en sus formas institucionales nacionales o transnacionales que conocemos hasta ahora: desde la más pura democracia nórdica, hasta el comunismo castrista o el más extremista régimen islámico. Para nada. Con esta afirmación estoy reclamando un cambio absoluto, en principio, de las ideas políticas; estoy reclamando la destrucción de los manuales de politicología que, en su academicidad, ya no sirven para nada. La globalización se construye en base a una invisibilidad mentirosa. Los homo jodiddus podemos aceptarlo todo, podemos adaptarnos a todo, menos a la mentira. Probablemente necesitemos todo lo demás para poder subsistir; pero si aceptamos la mentira nuestra subespecie desparecerá diluida en la marginalidad de un mundo donde sólo los dos o tres mil (¿o son cinco mil los de la revista Fortune?) de la subespecie gannandis sobrevivirán.

(…)

Es hora ya de decir que esa desaparición de las clases en el sentido marxiano a que me he referido en varias ocasiones no significa en absoluto el fin de la lucha de los homo jodiddus y los famenis por recuperar algo de lo perdido en el juego del Gran Casino, por alcanzar un mejor reparto de bienes y riesgos. Es el momento de recordar que el resurgimiento con fuerza de movimientos sociales -antimilitaristas, pacifistas, feministas, ecologistas, gays y lesbianas, anti sistema...- no institucionalizados en partidos o sindicatos no significa el fin de las ideologías. Es preciso retomar significados o dotar de nuevos a tan denostada palabra. No es posible una política sin ideología.Y nadie debe avergonzarse de ello. Es necesaria una política antiglobalización económica con una base ideológica. "La gestión de los sistemas políticos y sociales -sean locales, es decir , nacionales, o mundiales- mediante la simple virtud del mercado es una utopía. Resulta casi divertido observar que en el mismo momento en que se proclama 'el fin de las ideologías', el sistema dominante está intentando imponer una ideología pura, ¡expresada en su forma más extremadamente primitiva!". (Amin, 1997: 92). Ellos, los gannandis, imponen impunemente su ideología primitiva y salvaje. Nosotros nos avergonzamos de reivindicar cualquier tipo de idea que guíe nuestras acciones, tal es el grado de desintegración de nuestra fe en el futuro. Tanto han conseguido en su desgaste de nuestros proyectos de vida a largo plazo. Nos avergonzamos de lo más íntimo que aún podemos defender: nuestras ideas, nuestra ideología en términos de acción política.

Nuestra artrosis ideológica está llegando a límites verdaderamente terroríficos. No pocas voces nos avisan de que el riesgo se está convirtiendo en terror, de que nuestras propias actitudes, contradicciones y trabas burocráticas; y también el curso histórico imparable de la globalización económico/política nos llevan a sucumbir. Cuidado con la artrosis burocrático/mental que bloquea nuestras capacidades de acción.

Voces como la de Habermas (1981: 353): "La nueva derecha nos previene ante la agilización discursiva de los valores, ante la erosión de las tradiciones orgánicas, frente a la impotencia de las instituciones de eficacia automática, frente a la sobrecarga del sujeto y la ocultación del individuo; quisiera ver limitada la modernización al crecimiento capitalista y el progreso técnico y, al mismo tiempo, detener el cambio cultural, la construcción de la identidad, el cambio de motivaciones y actitudes y congelar la tradición." Nos están advirtiendo de nuestra propia decadencia. Quizá nadie nos señale el camino; pero las voces de aviso de que este es el equivocado están por doquier.

El propio Beck nos advierte (: 237): "A diferencia de todas las épocas anteriores (incluida la sociedad industrial), la sociedad del riesgo se caracteriza esencialmente por una carencia: la imposibilidad de prever externamente las situaciones de peligro."

Disculpad por el tono un poco apocalíptico. Pero si re-escribo el artículo en estos momentos me temo que aún lo será más... ;-)

Saludos!

Josep

Referencias.-

Amin, S. (1997) El capitalismo en la era de la globalización. Barcelona: Paidós.

Beck, U. (1986) La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad. Barcelona: Paidós.

Habermas, J. (1981) Ensayos políticos. Barcelona: Península.

Sennett, R. (1998) La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Anagrama.

NOTA: La foto no tiene nada que ver con la Sociedad del Terror. Es por desdramatizar un poco. Se trata de un atardecer en la playa de la Caleta, Cádiz. Siempre nos quedarán estas cosas. Y otras... ;-)

Puedes encontrar algunos de nuestros artículos y publicaciones en:

"What is Matter? Never Mind! What is Mind? No Matter!"

Calambur citado en Toulmin, Stephen (1990), Cosmópolis. Els transfondo de la modernidad. Barcelona: Península. Pág. 207.

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